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Un Sendero Hacia Vivir Con Cristo

 

por

 

Alexandra Porter, Ph. D.

 

 

 

Escuela de Verano en Español

Conferencia - Parte II - junio 29, 2001

 

 

 

Permítanme unos minutos para dar gracias.  Por favor pónganse todos de pies y acompáñenme a recitar el Padre Nuestro.

 

Padre nuestro que estáis en los cielos… Muchas gracias, y buenos días a todos. 

 

Antes de comenzar quiero darles la bien venida a todos ustedes y espero que hasta ahora se hayan, altamente, divertido. 

 

Es para nosotros un placer estar con ustedes; así como también poder compartir con ustedes estas conferencias.  Lo hacemos en un amoroso servicio para todos los miembros de esta Fraternidad y esperamos que todos los años así sea.  Esta Escuela de Verano, completa, a sido, de una manera o la otra, el pensamiento de muchos y tenemos que reconocer que este momento es parte de los planes que todos nosotros pusimos en acción.

 

Por lo tanto, les pido que pongan mucha atención a lo que estoy a punto de compartir con ustedes, ya que todo esto es el efecto de los planes que hemos puesto en acción.  En este momento, también les pido que guarden sus preguntas hasta el final de la conferencia.  Durante los últimos 15 o 20 minutos de esta conferencia, tendrán la oportunidad de hacer sus preguntas.

 

Ahora bien, definitivamente,  les prometo que ésta conferencia la disfrutarán tanto como las previas.

* * * * *

 

La segunda parte de esta conferencia es titulada: “Pensando, Hablando y Actuando.”  Estas tres palabras son mi manera de describir las tres fases de las experiencias de nuestro ser.  Me refiero a tres fases de la evolución humana que cada ser selecciona para sus experiencias en este planeta tierra mientras recorre “Un Sendero Hacia Vivir Con Cristo.”

 

Como todos ustedes ya saben, estamos en un lugar que tiene todo lo necesario para el aprendizaje y el crecimiento de nuestro ser.  En ésta escuela terrestre se encuentra también todo lo que ocupamos para la misión individual de cada uno de nosotros.  El proceso de las tres fases de la evolución humana es cruzado por todos los seres humanos para su adaptación armónica.  El estado de cada fase, o de cada etapa de esa fase, depende en el individuo y en la misión de ese individuo en este planeta tierra.

 

Max Heindel nos ha dicho que “ La Filosofía Rosacruz enseña que el hombre es un ser complejo que posee:

 

“1º Un cuerpo denso, que es el instrumento visible que emplea en este mundo para moverse y obrar; el cuerpo que, ordinariamente, se cree que constituye todo el hombre.

 

“2º Un cuerpo vital, que está formado por éter, el que compenetra todo el cuerpo visible, así como el éter compenetra todas las demás formas, salvo que el hombre especializa una cantidad de éter mayor que las otras formas.  Este cuerpo etérico es nuestro instrumento para especializar la energía vital del sol.

 

“3º Un cuerpo de deseos, que forma nuestra naturaleza emocional.  Este sutil vehículo compenetra los cuerpos vital y denso a la vez.  La visión clarividente lo ve extenderse unas dieciséis pulgadas en torno del cuerpo visible, el cual está situado en el centro de ese ovoide como la yema está en el centro del huevo.

 

“4º La mente, que es como un espejo reflejando el mundo externo y permitiendo al Ego transmitir sus órdenes en forma de pensamientos, palabras y obras.

 

“El Ego, es el triple espíritu que emplea esos vehículos para obtener experiencia en la escuela de la vida.” [Filosofía Rosacruz en Preguntas y Respuestas, pp. 20-21]

 

El umbral de este nuevo mileno esta diseñado para que las experiencias de cada uno, de nuestros seres humanos, pueda viajar a lo largo de la Luz Divina.   Nuestro ser cambia de plano vibratorio modificando el comportamiento de sus corrientes, a través de este sendero de luz.  Los vehículos de nuestro ser se desarrollan y cambian, durante esta modificación.  Todo vibra en una frecuencia distinta cuando esto sucede.  Es una profunda y larga tarea.  Es difícil, de sí mismo, para el ser humano lograrlo por el simple deseo de estar en armonía.

 

Cuando hablamos de la Luz Divina , o sea, caminando a lo largo de la Luz Divina , el lema de ésta quinta escuela de verano, no debemos olvidar que la Luz Divina siempre está dentro y alrededor de nosotros.  Tampoco podemos olvidar que, en muchos casos, esa luz nos lleva por un sendero donde definimos, clarificamos y modificamos nuestros pensamientos.  Este proceso nos lleva a un punto donde nuestro estado de conciencia cambia.  En este cambio, si nos damos la oportunidad, los vehículos de nuestro ser podrán cruzar el sendero de la Luz Divina.  

 

En nosotros los humanos el haz de la Luz Divina tiene varias maneras de subsistir y nuestra percepción de ella la demostramos en diferentes maneras.  Durante nuestro viaje terrenal pasamos por tres fases las cuales yo llamo: Pensando, Hablando y Actuando, pero, lógicamente, todo depende en dónde nos encontramos en el haz de la Luz Divina.

 

Primera fase: Pensando

 

Yo llamo la primera fase de la experiencia de nuestro ser  “Pensando”. 

 

Cuando pensamos todos los pensamientos que emitimos van a parar a unos depósitos comunes para todo el mundo.  Por ejemplo, cada vez que un ser humano emite un pensamiento de Amor, Bondad, Humildad, Odio, Rencor, Codicia, Envidia, etcétera,  primeramente, esta persona está usando la Luz Divina para darle forma y vida a ese pensamiento, y segundo, con los mismos, la persona también está llenando los depósitos comunes; los cuales están afuera de la Luz Divina.  

 

Me Explico:

Si tenemos la habilidad de ver ondulaciones de ondas de luz, en diferentes longitudes o frecuencias, lo cual nos permite observar una dispersión de luces, casi siempre, nos enfocamos en sus múltiples colores, su brillo, y todo aquello que para nosotros defina la semejanza de esa Luz Divina.  Esto sucede porque cuando observamos una cosa, tenemos esa cosa enfrente de nosotros y es por eso que podemos examinar las características de la misma.

 

Conocemos a la persona que está en esta fase porque este individuo le da mucho valor a las apariencias, al que dirá la gente y a una imagen de cómo deben ser las cosas, ya sea su propia imagen o las imágenes de otros. 

 

Estas son las personas que escucharemos decir: “Fulanito, siempre viste igual; siempre tiene el mismo traje”.                                     

 

Quizás, también, escucharemos a estas personas decir: “El vestido de Fulanita no encaja con sus zapatos.”

 

En esta fase otras personas suelen decir: “X no se debe hacer porque nuestra sociedad nunca lo aceptaría.” 

 

Estas personas también tienden comparar una cosa con otra y llegar a la conclusión de que la que cuesta más dinero es obviamente de una mejor calidad, y así por el estilo.

 

En esta fase las personas también discriminan a los otros.  Seleccionan sus amistades por medio de la raza, color de la piel, el puesto en la sociedad, así como también seleccionando o discriminando a base del idioma de las personas.  Estas personas no aceptan que las cosas no son  siempre como aparentan ser.  Ni tampoco pueden comprender que la riqueza que cada uno nos trae no se puede ver en la raza, color de la piel, posición en la sociedad, o el idioma que habla una persona. 

 

Entonces, según va pasando el tiempo, la persona que se encuentra en esta fase tendrá que vivir experiencias donde aprende que el o ella tiene un pedacito de esa Fulanita cuyo vestido no encaja con sus zapatos.

 

Bueno, ahora bien, “¿Qué estoy diciendo?”

 

Les estoy diciendo que nuestros pensamientos y sus formas son muestras de la primera fase.  Además, les estoy diciendo que todo, todo comienza,... con nuestros pensamientos.  Así que ésta fase nos muestra que obviamente estamos afuera de la Luz Divina.     

 

Como nos ha dicho Max Heindel, “Por consiguiente, nuestros pensamientos son muchísimo más importantes que nuestros actos, puesto que si siempre pensamos bien siempre obraremos bien.  Nadie puede pensar en amar a sus semejantes, en ayudarles y auxiliarlos espiritual, mental o físicamente sin poner en práctica esos pensamientos alguna vez en su vida, y si nosotros cultivamos solamente esos pensamientos, pronto veremos que la luz del Sol brilla en torno nuestro; veremos que la gente nos recibe en la misma forma en que nosotros irradiamos, y si pudiéramos comprender que el cuerpo de deseos (que rodea a cada uno de nosotros extendiéndose unas dieciséis pulgadas en torno de la periferia del cuerpo) contiene todos esos sentimientos y emociones, entonces veríamos a los demás diferentemente, pues entonces entenderíamos también que todo lo que vemos lo vemos a través de la atmósfera que nos hemos creado en torno nuestro, cuyos colores todos los vemos en los demás.

 

“Si, entonces, vemos insignificancia y pequeñez en los demás, sería conveniente que nos miráramos a nosotros mismos para comprobar si no es la atmósfera que nos rodea la que da esa coloración. Veamos si no tenemos dentro de nosotros mismos esas cualidades no deseables, y entonces comencemos por quitarnos esos defectos.” [Filosofía Rosacruz en Preguntas y Respuestas, pp. 40-41]

 

Segunda fase: Hablando

 

Ahora bien, pasemos a la segunda fase.

 

Otra manera de subsistir en el haz de la Luz Divina es demostrada en la segunda fase de las experiencias de nuestro ser.  Si tenemos la habilidad de sentir la Luz Divina , nos damos cuenta de su materia, al estar consciente de su masa.  Esto sucede, porque cuando sentimos una cosa en lo más profundo de nuestro ser podemos captar sus cualidades porque esa cosa ha tocado el punto principal de nuestro ser.  Es en ese entonces, que nos damos cuenta de su presencia y empezamos a hablar de ella definiendo las cualidades que han tocado nuestro ser.  Yo llamo esta fase “Hablando.”

 

En esta fase la persona se da cuenta del color y la presión de la Luz Divina ; tanto como también todos los efectos que ella es capaz  de manifestar en nuestro cuerpo físico.  Aquí no estamos hablando de ver, por ejemplo, un color rojo.  Si alcanzamos a ver la Luz Divina , si en realidad la vemos, todavía estamos en la primera fase, (¿No es cierto?)  Entonces estoy hablando de sentir la presión de algo que hemos visto; como la presión de algo color rojo.

 

Siendo todo esto cierto, en ésta fase de las experiencias de nuestro ser, tenemos una interpretación más amplia de la Luz Divina.   Esto también nos muestra, que hemos entrado o estamos entrando adentro de la Luz Divina.

 

Cuando aisladamente nos preocupamos por modificar el comportamiento de nuestro ser, se debe tener una disciplina mental que nos permita eliminar los pensamientos negativos o depresivos para que el ser pase de un plano vibratorio a otro.  El serio y continuo interés en nuestros pensamientos nos lleva en línea: más objetiva, más clara, más analítica y quizás más profunda, hacia las tres fases de las experiencias de nuestro ser. 

 

Cuando, en aquello que llamamos lo más profundo de nosotros, sentimos que nuestra vida debe cambiar, empezamos un trabajo profundo de cambio y de adaptación hacia la nueva vibración – o la nueva fase vibratoria que nos corresponde.  Esto puede ocurrir en varias formas, como: de manera armónica, o en forma alterna.  También puede ocurrir por niveles, o por etapas. 

 

Cuando cruzamos por esta fase, primero nos encontramos justificando nuestros errores.  Decimos cosas como, “Sí Es verdad.  Lo lógico seria ‘X,’ pero mi caso es diferente”.

 

Luego nos encontramos empezando a proyectar nuestros problemas hacia los otros.  Es aquí donde todas las personas que tocan nuestras vidas se convierten en nuestros espejos y el individuo empieza a ver: sus fallas; las señales de desdoro, apariencias de la falta de los atributos físicos o de la fibra moral, y sus propias máculas e infamias en las caras y en el comportamiento de los demás.

 

Y al final reconocemos que la persona que está viviendo las experiencias de esta segunda fase tiene una tarea muy importante y muy difícil en esta escuela terrícola. Entonces, en este destello de sabiduría, y con mucha bendición de los hermanos mayores, se nos puede permitir ver alguna información sobre la misión que estamos aquí para desempeñar; individualmente o acompañados por otras personas.

 

En esta fase la persona debe aceptar que la comprensión que debemos tener para armonizar el cuerpo está al alcance de todos.  Es aquí donde entendemos que todo empieza con nuestros pensamientos. 

 

Esta fase es la más difícil de las tres, porque nos exige explorar nuestra conducta humana.  En esa profunda y escrupulosa exploración, la persona se verá desnuda enfrente de su ser interior.  Luego, todo aquello que nosotros creíamos era sagrado se descubre que no lo es.  En esta fase los cambios son difíciles, para muchos, porque nos adaptamos a una manera de vivir que llega a ser cómoda y no queremos empezar algo nuevo.  Finalmente, después de mucha angustia, pena, pesar, ansiedad, arrepentimiento y melancolía, las modificaciones que ocurren en el interior de nuestro organismo se asemejan.  

 

Estos cambios se darán por etapas y las consecuencias, a nuestra vista, pueden ser dramáticas, y así, pues, cambiando el flujo de nuestras emociones. 

 

Conocemos a la persona que está en esta fase porque ya no habla de asuntos físicos.  Ahora notamos que habla de cosas más profundas.  Esta persona puede festejar con los reyes y al mismo tiempo sentirse en su casa con otras personas común y corriente.

 

¿Por qué creen ustedes que sucede esto? 

 

¿Quién de ustedes desea dar contesta a esta pregunta?

 

¡Sí!  Todo lo que ustedes me dicen es cierto, pero hay otra razón, un poco más productiva por la cual esto sucede. 

 

Muy bien, les diré la razón.  Esto sucede porque ahora el individuo ha transformado en actos sus intenciones.  Cuando esto sucede, a través de nuestros actos nuestras intenciones perecen en la tierra, y su esencia se diluye al ser cristalizadas.                          

 

Tercera fase: Actuando

 

Bien, pasemos, entonces, a la siguiente fase.  La última manera de subsistir en el haz de la Luz Divina la demostramos en la tercera fase.  Yo llamo esta fase - “Actuando.”

 

Si somos capaces de escuchar el sonido generado por la Luz Divina estamos en la tercer fase.  En esta fase nos damos cuenta de la vibración, el ritmo, el tono, la amplitud, y como vibra  la Luz Divina adentro de nuestro ser.  

 

Para poder tener una experiencia de ésta magnitud, lógicamente tenemos que darnos permiso para entrar en la Luz Divina ; porque cuando entramos más profundamente adentro de una cosa, podemos hacernos uno con esa cosa y es por eso que podemos ponernos en su lugar.  Por lo tanto, esta fase, de la experiencia de nuestro ser nos muestra que tenemos la habilidad de entrar adentro de la Luz Divina y percibir su conciencia. 

 

Conocemos la persona que está en esta fase por sus frutos.  Esta persona entiende bien lo que es el “Servicio Amoroso.”  Esta no tiene ninguna dificultad dejándolo todo por un servicio amoroso.  En este individuo no hay apegos, pero si hay una intimidad entre su ser interno y el ser interno de otras personas.

 

El individuo que está en esta fase sabe que la Luz Divina lo embarca todo.  Esta persona también sabe que su sendero no tiene camino, porque el camino es hecho cruzándolo en realidad; o sea, actuando en realidad.

 

Durante nuestra vida terrestre, podemos salir y entrar en una de estas fases con más frecuencia que en otras.  También podemos estar en una de sus etapas varias veces y en distintas ocasiones.  Sin embargo, las fases no son tan importantes como las experiencias que llevamos en cada una de ellas.  Nuestro ser tiene las fases y sus etapas grabadas en su memoria pero desconoce los estados de conocimiento que guían nuestras vidas.  Nuestro ser interno no es ajeno a estos cambios, al contrario los busca,  los espera y los desea. 

 

En respuesta a las preguntas, “¿Y como podremos entonces desarrollar nuestro poder espiritual?  ¿Cuál es el camino, la verdad y la vida?”  Max Heindel nos da la siguiente respuesta: “En la gloriosa enseñanza de Cristo está indicado el triple camino.  La humanidad ordinaria en el mundo entero está bajo el mandato de la ley, que obra sobre el cuerpo de deseos y le opone sus frenos.  El pensador está siempre incitado a reñir con la carne.  Pero bajo el mandato de la ley nadie puede salvarse.  Hemos hablado también en nuestras enseñanzas del cuerpo vital; este es el vehículo, como dijo San Pablo, de amor y atracción.  Si podemos vencer el lado pasional de nuestra naturaleza, si podernos substraernos a las vibraciones inferiores del amor, si podemos cultivar dentro de nosotros la pureza, y si podemos resistir a la tentación como lo hizo Parsifal, y vivir una vida pura, entonces cultivaremos diariamente dentro de nosotros un gran poder.  Este es el poder del amor, que se expresará en nuestras vidas en la forma de servicios a los demás, y gradualmente aumentará tanto que será como la pólvora en la pistola cargada. Entonces el Maestro vendrá a vernos y enseñarnos como libertar el poder que hemos almacenado en nuestro ser interior.

 

    “Depende de nosotros mismos cuanto tiempo tengamos que caminar por el desierto.  Cada uno tiene dentro de sí mismo el poder latente que le ha de llevar a la Ciudad de la

Paz, un sitio donde no hay pesares ni dolores.  Cada uno de nosotros tiene que ponerse en camino alguna vez, y el primer paso es la purificación, porque sin la vida pura no puede haber progreso espiritual.”  [Enseñanzas de Un Iniciado, pp. 241-242].

 

Ahora los dejo con estas tres palabras:

 

La primera palabra es la palabra, “Pensando.”  Espero que este tema haga cada uno de ustedes pensar en donde están caminando a lo largo de la Luz Divina.   Por favor, nunca olviden que un Cristiano Místico siempre debe ser consiente de qué esta pensando.

 

La segundo palabra es la palabra, “Hablando.”  También deseo que este tema los haga hablar de sus experiencias y sus grandes avances espirituales, según pasan de un plano vibratorio a otro.

 

La última palabra es la palabra, “Actuando.”  Esta tercera palabra es también importante; creo que es el objetivo de cada ser humano.   Sin embargo, la cosa más importante es  que espero verlos  actuando a lo largo del sendero de la Luz Divina.  

 

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